Y mi familia aterrizó en Chicago.
Tuve el honor de hospedarlos en mi humilde casa gracias a la amabilidad de Candy y Heather, que durmieron juntas ( … ) y así pudimos distribuir las camas para todos. Aprovecho para poner una foto del salón y que veais nuestro árbol de navidad, natural.
En Chicago nos hizo un tiempo horrible. Días nublados y nieve por doquier. Sin embargo, el paisaje nevado y el cielo encapotado, que impedía contemplar la cima de los rascacielos, resultaba atractivo.
Tuvimos tiempo de pasear por los parques del centro: Grant Park/ Millenium Park y de charlar en un sofá con un tío que se parecía al rey.
Nos acercamos a la ChinaTown de Chicago (bastante más pequeña que la de Manhattan, por cierto) para probar los batidos de tapioca.
Volvimos a saludar a Santa Claus y a su señora. No vimos a Rudolph.
Nos fotografiamos con un simpático muñeco de nieve.
Almorzamos en el restaurante Bubba Gump donde Forrest Gump nos contó que visitó Barcelona cuando estuvo en la competición mundial de ping pong.
Hicimos las habituales compras de navidad y apalicé a mi hermano en uno de esos callejones traseros de mala muerte (lástima que mi pose no resulte muy convincente…).
Después nos tocó viajar a Nueva York. Retrasaron nuestro vuelo 5 horas y nos recompensaron con vales de 10 dólares que canjeamos por bocadillos de albóndigas.
Habíamos reservado un tour por Internet para visitar Philadelphia, Washington D.C y las cataratas del Niágara. Lo que no sabíamos es que el tour lo dirigía una empresa de viajes china. Iniciamos el viaje en Chinatown, de hecho. Éramos de las pocas familias que no tenían los ojos rasgados. Afortunadamente, la guía china comentaba también en inglés, o algo raro que apodé chinglish.
Nuestra primera parada sería en Philadelphia, para ver la campana de la libertad y el Liberty Bell Center.
Le preguntamos a un vigilante si sabía cómo se hizo la famosa raja de la campana y nos dijo que por nada especial, simplemente las inclemencias temporales a lo largo de los años. Quién sabe…
Seguimos hasta Washington D.C. La capital del país es preciosa, plagada de monumentos conmemorativos y edificios impresionantes.
Habían decorado una placeta con árboles de navidad procedentes de cada estado. Después de buscar el de Illinois, intentamos acercarnos lo máximo posible a la Casa Blanca, pero esta fue la mejor foto que conseguimos. Vaya pedazo de mansión tiene el Bush…
Después nos dirigimos al monumento conmemorativo de Lincoln. Un enorme templo con una larga escalinata que nos conduce a la sala donde se encuentra la estatua de Lincoln sentado plácidamente.
Desde aquí se obtiene una bonita vista del obelisco dedicado a Washington, justo enfrente.
Contemplamos más tarde el Vietnam Veterans Memorial, dedicado a los casi 3 millones de soldados estadounidenses que habían muerto en esa guerra. Un enorme muro presenta los nombres en orden cronólogico indicando con una cruz o un diamante si ese soldado fue encontrado muerto o continúa desaparecido.
Me llamó la atención especialmente el memorial de la guerra de Korea, representando a unos soldados en pleno campo de batalla.
También resulta muy atractivo el Capitolio, reflejado en la fuente al atardecer.
Visitamos finalmente el monumento conmemorativo a Jefferson y el museo Smithsonian. Nos faltó ver la estatua Marine Corps War Memorial (la de la película Banderas de nuestros padres). Otra vez será…
Continuamos dirección norte hasta Niágara, el pueblecito que da nombre a las famosas cataratas. Las pudimos admirar desde el lado americano y lo cierto es que nos decepcionó la vista. No se aprecia la verdadera altura que tienen; al menos, la catarata más grande (Horseshoe Fall, en el fondo de las fotos) apenas se veía debido a la cortina de vapor que desprende. La mejor foto se obtiene definitivamente desde el lado canadiense en Toronto.
Lo que sí nos impresionó fue la vista nocturna.
La última parada del tour la haríamos en el Corning Glass Museum, un bonito museo con obras de cristal y vidrio en la desconocida ciudad de Corning.
Lo anecdótico del tour fueron los restaurantes donde comíamos, siempre buffets chinos. De hecho teníamos nuestras sospechas de que la guía nos estaba llevando a los restaurantes de sus primos para hacer negocio. Pero eso, nunca lo sabremos…
Pasamos la nochebuena en un restaurante chino, cómo no, compartiendo mesa con tres estudiantes malayos y una familia de Shanghai.
Ahora tocaría hablar de Manhattan, pero eso lo dejo para otro día…





























































