Archivo de 15/01/08

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Super size me, restaurants & tips

Enero 15, 2008

Hoy hablaré de la aventura que supone comer en un restaurante estadounidense, desde que uno se sienta hasta que paga la propina, pasando por los potenciales peligros gástricos. Empezamos…

Nada más sentarte en cualquier mesa de cualquier restaurante (ya sea chino, mexicano, griego o filipino) te servirán un vaso de agua antes incluso de entregarte las cartas de los menús. Por supuesto, es gratis. En cuanto el nivel de agua en tu vaso disminuya hasta casi la mitad, algún camarero acudirá con una jarra de agua para rellenarte de nuevo.
Lo mismo ocurre si se pide además un refresco. Te lo rellenarán enseguida o lo puede hacer uno mismo en las máquinas de bebidas del restaurante (creando mezclas fabulosas y extravagantes…) :-)

En muchos restaurantes, si se pide cerveza o alguna bebida alcohólica, te exigirán la ID. En USA no está permitido servir/vender alcohol a menores de 21 años. Esta norma es tan estricta que hasta mis padres tuvieron que mostrar el DNI cuando pidieron una cerveza. El camarero lo reconoció “Sé que es ridículo, pero son las normas”. ¡Y tanto que resultan ridículas y absurdas este tipo de leyes estadounidenses!… O sea que no permiten que un joven de 20 años pueda tomarse una cerveza pero sí que dejan que uno de 18 se aliste en el ejército y vaya a Oriente Medio a matar talibanes…

Otra ley curiosa es la que prohíbe vender alcohol desde las 11 de la noche hasta las 11 del día siguiente. Resulta divertido ir a una licorería (los supermercados no suelen vender alcohol) a las 10:55 de la mañana y comprobar la cantidad de gente impaciente en cola mientras la cajera sólo mira el reloj para poder cobrar.
Hay muchas leyes curiosas, como la que prohíbe servir foie de pato en un restaurante en el estado de Illinois; pero ya hablaré de ellas otro día…

Volviendo al tema de la comida… Las raciones, como ya suponéis, suelen ser desproporcionadamente gigantes. No están pensadas para que uno se las termine en el restaurante. De hecho en algunos casos, si uno se come toda la comida que le sirven en el plato puede terminar con serios problemas digestivos (doy fe). Lo habitual es consumir una cantidad razonable de cada plato e indicarle al camarero al final “Could I take it to go?” (“¿me lo pone para llevar?”). Todos los restaurantes están preparados para entregarte el resto de tu comida en tappers y bolsas de papel. Es un hábito estadounidense bastante positivo: Así no se desperdicia una comida sabrosa y además uno consigue dos comidas por el precio de una.
Muchas veces el exceso en las raciones no lo supone el plato principal sino el acompañamiento. Pueden cubrir tu hamburguesa de queso completamente con patatas fritas de forma que no encuentres tu hamburguesa, o colocar tanta ternera en tu perrito caliente polaco que no localices la salchicha.

También pueden ofrecerte nada más sentarte una bandeja con pan y cubitos de mantequilla para untar. En algunos italianos, si pides una pizza, te sirven antes una ensalada tamaño XL. El problema es que después de terminarte la ensalada, sólo puedes tomar una porción de pizza. A propósito, os pongo una foto de una jumbo pizza. La sujeta Kathy (la prima de Heather). Sirvió para alimentar a unas 12 personas, y sobró.

Lo cierto es que si uno se descuida, puede coger kilos con una rapidez brutal aquí (de hecho yo reconozco que he cogido algunos). He llegado a sorprenderme de la gran cantidad de gente obesa en esta ciudad, hasta límites que no había encontrado en España… como gente que ocupa dos asientos en un autobús. Uno podría pensar que toda la culpa la tiene la comida basura y las raciones mastodónticas, pero otro gran factor (de hecho yo considero que el más determinante) es el poco ejercicio físico que hacen los estadounidenses. Aquí he visto casos de gente que paga en el autobus para bajarse en la siguiente parada, que está a unos 100 metros.

Debido a las enormes distancias y a la distribución de los barrios residenciales en torno a un centro urbano, dependen del coche por completo para desplazarse. Por ejemplo, en nuestro caso el supermercado más cercano lo tenemos a unos 20 minutos a pie (y eso que vivimos relativamente cerca del centro).
Así que esto no es precisamente España… si quieres salir a comprar el pan, no te queda otra que coger el coche…
Por este motivo, muchos estadounidenses limitan su ejercicio diario a la distancia que hay entre la puerta de su casa y la puerta de su coche, cuando unos minutos extra de caminata diaria podrían ayudarles a prevenir la obesidad…

Finalmente, quería comentar el curioso (y engorroso) tema de las propinas estadounidenses. Se supone que si te han servido en una mesa, debes dejar una propina atendiendo a la simpatía y profesionalidad del servicio recibido. Si te ha resultado excelente, deberías corresponder con una propina proporcional al 15-20% de la cuenta. Sinceramente, resulta bastante tedioso tener que calcular porcentajes cada vez que toca pagar. Si uno lo hace con tarjeta, primero la toman para quedarse con los datos y luego te traen el recibo para firmar y que indiques con boli cuántos dólares quieres dejar como propina, facturándolo más tarde. Si comen más de 6 personas, añaden directamente el porcentaje proporcional de las propinas en la cantidad total. En esta carta lo explica:

También se suelen dejar propinas en las peluquerías y en los taxis; unos 2 dólares suele ser lo correcto. Nos ocurrió una anécdota sobre esto. La primera noche que llegamos a la ciudad, Candy y yo cogimos un taxi para regresar a casa, desconociendo la regla de las propinas. Cuando tocó pagarle al taxista, busqué el importe exacto y tardé más de lo normal porque no estaba familiarizado con las monedas. El taxista (que era árabe, como la mayoría de los taxistas de este país, y que muestran acertadamente en la magistral ‘How I met your mother’) se percató de que no pretendía dejarle propina y empezó a soltarme lo que yo consideré improperios (porque no sonaban precisamente como halagos), así que asustados, le pagamos el importe aproximado y salimos por patas de aquel taxi. Espero no coincidir con él de nuevo…

En fin, moraleja: Hay que comer con moderación, andar más de 10 minutos al día y pagar directamente no menos de 2 dólares a los taxistas estadounidenses…