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Esos pequeños detalles…

abril 29, 2008

Pequeños detalles que moldean y engrandecen una experiencia, momentos que se graban en tu cabeza para siempre, canciones que te arrancarán una lágrima, imágenes que te dibujarán una sonrisa y perfiles memorables que te pondrán los pelos de punta.

Acabo de llegar a España y ya estoy echando en falta esos pequeños detalles… Todo me resultará minúsculo: la cantidad de cebolla en los bocadillos, la distancia hasta el supermercado, el volumen de los cartones de leche, la talla de las camisetas o las dimensiones de los microondas.

No quiero dejar de tener hambre a las 12 del mediodía. Quiero que me devuelvan mi desfase horario. ¿Quién me cantará el blues de las buenas noches, baby?

Cada vez que vea un copo de nieve recordaré con entrañable cariño el sabor de mi más largo invierno, donde se me congelaban las orejas y mis pelillos del bigote se convertían en estalactitas . ¿Quién necesitaba paraguas? Vivan las capuchas.

Dichosa belleza urbana. Me he quedado sin espejo. Mi espejo favorito. Mi puerta del cielo. ¿Dónde admiraré tu rostro de ahora en adelante, Chicago?

Anhelaré sentir ese escalofrío. Cuando toda la afición canta orgullosa, gorra en pecho, el himno de su equipo y un home run hace temblar el estadio.

Tendré sed. Necesitaré regresar a ese bar donde todo el mundo conoce mi nombre, pero no me importa el color o sabor de la cerveza. Necesitaré reencontrarme con ese frescor cálido y humano; con esas personas con las que nunca es demasiado tarde para intercambiar unas risas, inquietudes o abrazos.

Extrañaré contemplar esas caras que transmiten tantas sensaciones positivas… Caras que consiguen que desees reservar el próximo vuelo a una ciudad o país lejano. Caras que han coloreado mi experiencia de alegría y energía.

Al fin y al cabo esos pequeños detalles son la base de todo. Esas deliciosas galletas caseras de chocolate, las notas con las fichas de scrabble sobre la mesa, los botes de salsa acaparando estantes, las botas de las chicas inundando la casa, la hamburguesa $1 y los mojitos de los martes, los irresistibles planes de los sábados, las sesiones de cine de los domingos, la maleta siempre esperando para el próximo viaje y la sensación única de estar viviendo una nueva aventura.

Lamentablemente todas las aventuras tienen un final. Ha llegado la hora de escribirlo. No es la primera vez que me encuentro en este capítulo del libro. Ya sé qué significa decir ‘hasta luego’. Lo complicado es pronunciarlo.

Muchas gracias a todos los que quisisteis acompañarme durante esta travesía; especialmente a los comentaristas habituales, cuya respuesta y entusiasmo siempre fueron muy agradecidos.

El propósito de este blog fue desde un principio dar a conocer otra impresión y opinión más cercana sobre la cultura estadounidense. Si despertó vuestro interés en algún momento, me doy por satisfecho.

Dicho esto, sólo me queda brindar por los pequeños detalles, y por poder compartirlos con esas maravillosas personas que dan sentido a nuestra vida.

¡Hasta pronto!

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SanFran, Alcatraz y el festival de la marihuana

abril 23, 2008

Todavía tuve tiempo para un último vuelo. Esta vez visitando al inigualable Víctor (el Maga de España) en San Francisco, o SanFran, como le llaman.

SanFran, ciudad famosa por su arquitectura moderna y victoriana, su arraigada población asiática , el viento de la bahía y sus calles construidas en esas empinadas colinas. Aquí aparezco en la cima de una, a punto de ser arrollado por un coche…

Me impresionó el ayuntamiento, que no tiene nada que envidiar al capitolio de Washington D.C.

También mereció la pena pasear por Chinatown, incluso más grande y densa que las de New York y Chicago.

El famoso ‘cable car’, más que práctico, se ha convertido en una mera atracción turística.

La calle Lombard, con su carretera serpenteante, es otro reclamo imprescindible.

Así como el transitado paseo marítimo de Fisherman’s wharf, donde cogimos el ferry hacia la isla de Alcatraz.

La visita a la prisión resultó bastante interesante. En la foto, Broadway, el corredor principal de la zona de celdas, con sus tres plantas. Me recordaba inevitablemente a Prison Break…

La audioguía te contaba la rutina diaria de los presos, los intentos de fuga y las distribución de las distintas instalaciones. Desde las jaulas normales, las celdas oscuras de confinamiento donde encerraban a los más conflictivos…

… hasta la zona de hospitalizados o dementes. Parece que Al Capone pasó la mayor parte de su estancia en este área.

Han mantenido todo tal y como estaba hace 60 años. Algunas habitaciones resultaban bastante tétricas, ideales para rodar una película de terror.

Quizá lo mejor de Alcatraz sean las vistas de San Francisco, con el Bay bridge.

Casualmente el 20 de abril se celebra el Green Apple Festival, una fiesta musical de trasfondo ecológico en el Golden Gate Park; y allá que fuimos. No sabría decir cuántas miles de personas se encontraban allí disfrutando del ambiente.

Al margen del espectáculo musical, montaron muchas carpas y mercadillos con artículos de quinta mano y propaganda sobre alternativas verdes. Nos asombramos de ver tantos hippies juntos, y el aroma a marihuana nos embargó por completo.

Otro día nos acercamos a la sede de Google. Se encuentra en Mountain View, Silicon Valley, donde también vive mi anfitrión Maga. Googlelandia lo forman unas cuantas manzanas con edificios modernos, separados por zonas verdes y amplias avenidas.

Allí vimos a unos cuantos empleados jugando hockey en sus horas de descanso (imaginamos), una pista de voley, con dinosaurio incluido, y una pantalla gigante mostrando algunas de las últimas búsquedas registradas en el momento. Me quedé con ‘características de un rey’ y ‘cómo salvar la capa de ozono’.

Finalmente, aprovechamos para pasear por el campus de Stanford, ubicado al lado de Palo Alto (también en la zona de Silicon Valley). Se podría decir que el campus en sí es una mini ciudad, con sus tranquilos paseos repletos de estudiantes en bicicleta, sus jardines, fuentes y las diferentes facultades, que podrían pasar por monasterios.

En la foto, la torre Hoover

¡Ah, casi me olvido de citarlo! El impresionante Golden Gate Bridge…

Nos vemos en el siguiente (y último) capítulo de esta aventura.

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El crepúsculo

abril 18, 2008

Adoro amanecer contigo. Nada mejor que escuchar los buenos días en la brisa de tu boca.

Me encanta acariciar tu mejilla, ya esté maquillada de blanco, de verde o de color primavera.

Permíteme que te eche un vistazo. Esa combinación no te sienta nada mal. Está claro que el azul es tu color preferido.

Con esos tacones, resultas incluso más esbelta.

Creo que ya es hora de que te lo confiese. Me he enamorado de ti.

No pude evitarlo. Aquella noche descubrí que detrás de tu difuminado perfil, se escondía una belleza admirable. Te pregunté si bailabas y tú respondiste: “Con mucho gusto”.

Además, sé que no me quitaste el ojo de encima en toda la velada…

Empezamos a conocernos. Conversar contigo me fascinaba. Cada palabra que pronunciaban tus labios me resultaba majestuosa.

Siempre conseguías arrancarme una sana sonrisa con tu inigualable sentido del humor.

Otro rasgo de tu personalidad que me impresionaba era tu madurez. Contigo aprendí a despreocuparme de los pequeños contratiempos.

Tu bagaje intelectual me sorprendió gratamente. Siempre proponías planes culturales interesantes.

En ocasiones me desconcertabas con tus impresiones, tan diferentes a las mías. Sin embargo, las respeté y aprendí mucho de ellas.

Recuerdo con gran cariño aquellos paseos. No importaba dónde. Cualquier rincón era nuevo, caminando contigo a mi vera.

Si estaba desorientado, siempre me mostrabas tu cara más alegre y me sorprendías con alguna brillante ocurrencia.

Me sentía vivo, sobre todo cuando te dormías en mi hombro y luego te estrechaba entre mis brazos.

Sólo me importaba seguir conociéndote. Resultaba tan reconfortante y positivo tenerte cerca… Estaba enganchado a ti. Eras como un libro de aventuras que no puedes dejar de leer.

Estando contigo, mi mundo se paralizaba. Mi único objetivo era disfrutarte, porque nunca supe si me abandonarías para escaparte a una isla desierta.

No sabría decirte en qué momento quedé prendado de ti. Siempre estuviste radiante durante el día…

y sin que cambiara la expresión de tu rostro, continuabas deslumbrándome durante la noche.

No solo eso. Tenías una vitalidad arrolladora. Me despertaste de una pesadilla y conseguiste que pudiera seguir soñando.

Soñando sobre ilusiones, nuevos horizontes y viajes a la luna.

Ahora es demasiado tarde. Mi barco está a punto de zarpar.

No te preocupes por mí. Yo seguiré mirando el crepúsculo y recordando tu sonrisa, con mucho gusto.

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USA is… different

abril 13, 2008

Posiblemente sólo en Estados Unidos te podrías encontrar:

Retretes con plásticos que cubren la taza automáticamente.

Escaleras mecánicas para los carritos en los supermercados.

Tantísimos coches con matrículas personalizadas. El de la foto podría afirmar sin problemas que es el único conductor feliz de California.

Carriles rápidos exclusivos para coches con más de un pasajero (carpool).

Los famosos autobuses amarillos de los colegios. Todos son iguales.

Cajeros automáticos para coches.

El hábito de ir vestido con la gorra o sudadera de tu equipo favorito de la ciudad (Bears, Cubs, White Sox, Blackhawks…) o con un rótulo de Chicago. Da gusto ver a los abueletes con sus gorras…

Carteles reclutando gente que se ofrezca como conejillos de indias en sospechosos experimentos.

Librerías conteniendo en el mismo estante un libro de creacionismo y uno de evolución.

Hasta cinco o seís cortes de publicidad en una serie de cuarenta minutos. El colmo es el último corte, ¡entre la última escena y los créditos!

Tallas de dimensiones sobrenaturales, encontradas habitualmente en las tiendas de ropa.

El impresionante movimiento del mercado de segunda mano, para vender mobiliario, películas, herramientas… Consultando páginas como craigslist encuentras gangas imposibles, algunas incluso gratis y entregadas a domicilio. Sin mencionar los rastrillos que montan en los jardines…

Cartas de tu instituto para actualizar los datos de cada promocion de graduados (La de abajo va dirigida al landlord Jim…).

Monopolys de cualquier temática, desde las chocolatinas M&M hasta el ejército naval del país. Están obsesionados con ese juego.

Los archiconocidos puestos de venta de coches de segunda mano, adornados con las banderitas y tiras de colores más horteras. Por los carteles deducimos que los dueños del de la foto no son españoles, precisamente.

El uso paleolítico de cheques para pagar las facturas y cobrar el sueldo. Con lo fáciles que son las domiciliaciones bancarias…

Los sorteos de algunos restaurantes en los que participas depositando tu tarjeta personal en una urna.

Los ridículos superlativos que usan en cualquier restaurante. Vayas donde vayas, siempre encontrarás los perritos más deliciosos del país, las hamburguesas más sofisticadas de la ciudad o el restaurante con los retretes más limpios del estado.

La elevada cantidad de banderas de los States adornando los jardines y fachadas de las viviendas. En la foto, la bandera de mi jefe.

El cambio tan brutal en el vocabulario con respecto al inglés británico:

Los estadounidenses no usan un trolley en los supermercados. Ellos usan un shopping cart.
No van al bathroom o toilet. Ellos van al restroom.
No usan mobile phones. Ellos usan cellular phones.
No trabajan en el city centre. Ellos trabajan en el downtown.
No suben usando el lift. Ellos suben por el elevator.
No conducen un lorry. Ellos conducen un truck.
No esperan en la queue. Ellos esperan en la line.

Aquí no calzo un 43 sino un número 9. Mi talla de pantalones es una 33 y no estoy a 0ºC sino a 32ºF; por no hablar de las pulgadas, pies, yardas, millas, onzas, galones, libras y los horarios en ‘am y pm’.

Al menos no conducen por la izquierda…

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Las Vegas, el Gran Cañón y el león de la Metro

abril 9, 2008

Las Vegas, La ciudad del pecado. Allí me planté acompañado por el aventurero Edu.

Sabes que estás aterrizando en Las Vegas cuando después de estar observando un paisaje desértico por la ventanilla durante media hora, descubres una larga extensión de cuadrículas iluminadas y una calle especialmente deslumbrante, el Strip.

Confirmarás este dato cuando compruebes que incluso las áreas de embarque del aeropuerto se encuentran repletas de máquinas tragaperras.

Sea el día que sea, siempre te parecerá que esta ciudad vive en perpetuas vacaciones y que la gente no tiene nada mejor que hacer que jugar a las maquinitas o al blackjack.

El Strip se podría considerar como un gigantesco parque de atracciones donde cada hotel-casino es una zona temática. Nosotros nos hospedamos en el Circus Circus, que está construido y decorado como un gran circo, albergando un recinto de atracciones en un domo interior (el más grande del país, dicen).

El Caesars Palace, por ejemplo, cuenta con varios edificios templo y quizá la entrada principal más majestuosa de todas. En la foto aparecemos mi barriga estadounidense y yo delante de una de las torres.

Cada hotel suele tener un área de casino y otra dedicada a tiendas y restaurantes, como si de un centro comercial se tratase. El Caesars, al igual que otros, ilumina el techo de sus galerías con una cúpula color cielo que te hará perder el sentido del tiempo. Además, en cada plaza interior cuenta con fuentes con motivos mitológicos romanos, como la del Atlantis, con acuario incluido.

El Venetian recrea los canales y puentes venecianos de una forma increíble, sin olvidar las góndolas que recorren sus galerías. Incluso han construido una plaza de San Marcos en el interior.

Su casino es majestuoso, con los techos de sus pasillos embovedados repletos de frescos. Hasta la zona del parking los incluye…

Otros hoteles destacan más por su fachada. El New York New York dibuja un skyline. Cada torre es un rascacielos diferente, sin olvidarnos de la Estatua de la Libertad. Este además tiene una montaña rusa que lo rodea, el Manhattan Express.

Su casino intenta recrear la ciudad de New York, con bloques con escaleras de incendios y muchos árboles.

El Excalibur, en cambio, opta por decorados medievales y una fachada de castillo de Disney muy llamativa, con puente levadizo incluido.

Otros resultan más señoriales, como el Paris, con su estructura de palacio custodiada por la réplica pequeña de la torre Eiffel.

De este modo, podríamos comentar algunos más con temática curiosa, como el Luxor, ambientado en Egipto con su gigantesca fachada piramidal, el Flamingo con su mini habitat animal de aves o el Treasure Island y su estética de cuento de aventuras, con barcos piratas rodeándolo.

Otros no siguen ninguna temática especial pero resultan muy lujosos; por sus galerías de tiendas glamurosas, sus restaurantes minimalistas o sus zonas de acceso privado. En la foto, la piscina del Wynn.

Fuera de los hoteles, la vida continúa en el Strip, con las calles inundadas de folletos de prostitutas y libretos con cupones de descuento para los espectáculos. Nos encantaron algunas tiendas, como la de Coca Cola, con su menú de degustación de refrescos o la de los M&Ms con película 3D incluida.

También nos dejamos los pies en el centro comercial de la foto, Fashion Show, cuya entrada destaca con sus pantallas gigantes patrocinando el Ipod y una cubierta espectacular. Atención a la limusina de la foto. El Strip está plagado de ellas.

Tampoco hay que perderse el espectáculo de las fuentes del Bellagio. Impresionante la altura que alcanzan los chorros al ritmo del Singing in the rain o del Volare…

Otra calle en Las Vegas que merece la pena visitar es Fremont, en el Downtown; con su cubierta metálica se convierte en un paseo bastante agradable, mientras se observan a ambos lados casinos, tiendas de souvenirs o artistas callejeros.

¿Qué se puede hacer en Las Vegas aparte de patear casinos, hoteles y comprar? Se pueden pillar entradas para musicales, espectáculos o conciertos. Cuando fuimos actuaban Elton John, Tom Jones, Robin Williams o Billy Crystal por citar algunos, pero los precios son realmente caros. Otra alternativa más asequible es probar algunas de las atracciones de los hoteles, como los simuladores y la montaña rusa del Sahara y el New York New York o los museos del Hermitage o del Madame Tussaud. Fuimos a este último y nos quedamos maravillados con algunas figuras. Atención al detalle del tatuaje de Angelina.

Y cómo no, también se puede apostar. Nosotros probamos suerte en las ruletas del casino del Planet Hollywood, un poco flipados después de ver la película 21. Comenzamos con buen pie, doblando nuestro dinero inicial en apenas tres jugadas, pero luego lo perdimos todo paulatinamente… Un tío que se sentó en nuestra mesa perdió en quizá cinco minutos los 600 dólares que había jugado y se fue tan tranquilo… Acojonante.

Otro día de nuestra visita lo dedicamos a visitar el Gran cañón. Volamos en avioneta hasta Arizona, pasando por encima de la famosa presa Hoover.

Visitamos dos puntos cuyos paisajes son impresionantes. Uno fue Eagle Point, donde han construido el SkyWalk, un anillo metálico sobre el que pasear por encima del Cañón.

En la foto se observa la muralla de roca que da nombre al lugar, con forma de águila con las alas abiertas. La cabeza sería el pico que sobresale en la parte más baja de la pendiente.

La otra localización, con vistas de infarto, es Guano Point, donde se observa además con más claridad el paso del río Colorado entre las laderas del Cañón.

¿Qué puedo decir? Me faltan palabras para describir esta maravilla de la naturaleza…

Terminamos el día con una visita al rancho Hualapai, donde tienen montado una especie de pueblo cowboy, con su típica oficina del sheriff con celda de barrotes cutre, el granero de madera, la mina ruinosa y el viejo del pueblo con dos dientes incluido.

Y para terminar, una foto del león del hotel Metro Goldwyn Mayer sobando. Luego dicen que Las Vegas es la ciudad que nunca duerme…

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Enjoy your meal!

abril 5, 2008

Cualquiera que me conozca un poco sabe que me encanta probar diferentes y extravagantes tipos de platos. Aquí he tenido la oportunidad de conocer la diversidad de comida en Chicago. Os comento algunas de mis impresiones.

Desayunos

Aunque los Starbucks y los Dunkin invaden la ciudad, no todo se reduce a muffins, brownies y donuts. También se encuentran restaurantes más tradicionales, como Dori’s place donde puedes desayunar special bagels (rosquillas de pan rellenas con huevos revueltos, salchichas y queso fundido), pancakes (tortitas gigantes) y french toasts (rebanadas bañadas en huevo batido, tostadas y cubiertas con sirope de alce). Me quedo con estos últimos.

Otro desayuno típico son los Benedict Eggs: dos mitades de una muffin cubiertos de bacon canadiense, huevos escalfados y salsa holandesa.

Mención aparte para las piezas de bollería y repostería. No sabría elegir entre galletas gigantes, scones (bollitos triangulares y aplastados rellenos de cremas de frutas del bosque) o los famosos cinnamon rolls (creo que originarios de Suecia). Estos últimos son mini ensaimadas con sabor a canela bañadas en una capa glaseada y extra dulce. De hecho son tan populares que hasta existe una cadena dedicada exclusivamente a su venta: Cinnabon.

Cinnamon roll

Platos principales

Dejando a un lado las hamburguesas (quizá el estandarte culinario estadounidense por excelencia), en Chicago encontramos numerosos productos típicos. Uno de los más representativos es el Chicago char hot dog. Un perrito caliente cubierto con mostaza, cebolla, rodajas de pepinillo y pimiento picado. Nunca ketchup. Demasiado cargado en mi opinión.

Otra especialidad es la Chicago stuffed pizza. Se caracteriza por su corteza mantecosa bastante robusta y por su relleno de tomate machacado y queso a conciencia. Se le puede añadir gambas, salchicha, bacon o piña. Nuestras favoritas, en Giordano’s.

Y hablando de pizzas, no puedo pasar sin comentar las porciones que venden en Bacci Pizza. Son famosas principalmente por su relación tamaño-precio y por el queso fundido y pegajoso. También las preparan con pepperoni y champiñones.

Se observan muchos sandwich restaurants. No confundirlos porque ‘sandwich’ aquí se refiere al bocata de toda la vida. Dejando a un lado los Subway, estamos enamorados de los Potbelly, especialistas en preparar desde los famosos bocadillos de albondigas, hasta los combinados de salami, ternera, pavo y jamón, pasando por los de mermelada de uva con crema de cacahuete.

Si tuviera que destacar alguna experiencia gastronómica extrema, esta sería la odisea con las dichosas buffalo hot wings del ‘Jake Melnick’s’, rebozadas en la salsa más picante que haya probado en mi vida. Parece que la preparan con una esencia especial de chili peppers.

Con chuparte el dedo tras tocar la alita, ya puedes sentir el calor infernal en la garganta y esa sensación de agonía gástrica que te causa el picante. De hecho, tan brutal es esta sensación que antes de probarlas, debes firmar un papel reconociendo que las pides bajo tu propia responsabilidad. Además, cada mesa tiene una campana para que la agites si la integridad de tu boca se siente seriamente amenazada tras probarlas. Enseguida los camareros traen leche y yogur para devolverle la vida a tu lengua. Tengo que reconocer que es lo más condenadamente picante que hayan inventado.

Una ventaja de que exista tanta diversidad racial en los barrios de Chicago, es la oportunidad de probar comidas de todo el mundo.

Por ejemplo, en nuestro barrio (o en Pilsen), encontramos bastantes restaurantes mexicanos vendiendo tacos, nachos, burritos o quesadillas. En el restaurante más cercano, Papi’s tacos, se puede elegir la carne de relleno entre pollo, asada, lengua o milanesa. Todo con una abundante dosis de queso. Por supuesto.

Tampoco es complicado encontrar restaurantes cubanos. La especialidad suele ser el arroz con pollo y plátano frito, acompañado con frijoles.

Como tenemos Little Italy a un paso, también podemos acercanos y comer pasta en algún italiano. De momento el ranking lo encabeza el fetuccini Alfredo del Rosebud. Si en cambio nos apetece algo griego, Greektown queda a 20 minutos del downtown. Aquí me he aficionado al hummus y al arroz con guiso de gambas aderezado con crema de queso feta. También nos gusta la musaka.

Sin embargo, la palma se la llevan los restaurantes de comida asiática. Comer en el barrio coreano es toda una experiencia. Cubren la mesa con pequeños platos con raciones de salsas, pescado, vegetales y lechuga fresca. A continuación traen platos con diferentes tipos de carne (es posible pedir de perro) y colocan una parrilla en mitad de la mesa. La gente se va preparando la carne a su gusto y finalmente se la sirven sobre un trozo de lechuga, acompañado de los demás ingredientes.

Por otro lado tenemos los japoneses y chinos tradicionales. Aquí no te encontrarás los típicos menús españoles de rollito de primavera, arroz tres delicias y cerdo agridulce. Normalmente todos comienzan con té y sopa agripicante acompañada con pequeños brotes fritos y le continúa el plato de noodles (fideos) con diferentes combinaciones. Le pueden añadir champiñones, almendras, ternera cantonesa o revuelto vegetal. Otra especialidad es el chop suey: Carne de pollo, ternera o cerdo cocinada con verduras como apio o coles y cubierto con salsa almidonada. Si además lo mezclan con fideos fritos, se llama chow mein.

Sin embargo, nuestro favorito es un restaurantes bastante particular, Joy Yee’s noodles, que ofrece combinados asiáticos realmente variados: rollitos vietnamitas, ternera mongola, marisco malayo, arroz horneado con albahaca tailandesa o pollo Kung Pao, por comentar algunos platos. Eso sí, nos encantan los batidos de frutas naturales con tapioca y gelatina. Los echaré mucho de menos.

Postres

Continuando con los restaurantes chinos, tengo que hablar de las Fortune cookies, esas crujientes galletitas con ligero sabor a vainilla con una frase sabia sobre tu porvenir. Una vez me comí una que no tenía nota. ¿Cómo interpreto eso? ¿No tengo futuro?

Aunque los postres más característicos quizá sean las tartas de queso (impresionante la cadena cheesecake factory), también nos hemos deleitado con los extraordinarios ‘That chocolate thing’, un vaso grande con chocololate fundido, brownie y helado de nata con sirope (que se consume con erótico resultado), y la porción de helado de vainilla y pastel de fresa cubierta con un pancake y nata (cuyo nombre no recuerdo) del Bubba Gump. Postres prohibidos.

That chocolate thing

Aparte de los clásicos helados y tiramisú, aquí descubrí los cannoli, tubitos de pastel con una capa de queso ricotta sobre otra de chocolate o vainilla. Otras piezas que se venden como rosquillas, son precisamente los pretzels o lacitos, bañados normalmente en crema o queso.

Y por último, una mención especial para las palomitas. Aquí hacen palomitas de cualquier sabor. Mis favoritas, las de queso, claro está… realmente pringosas, apestosas y crujientes (como tienen que ser), aunque las de chocolate negro y blanco también están para chuparse los dedos…

Cheese Popcorns

Podría hablar de las bebidas… de la extraña adicción de los estadounidenses a los refrescos con sabor a piruleta o a gominola de botella de coca cola, pero creo que lo dejaré para otra ocasión…

Reflexión: ¿Cómo es que los estadounidenses no han inventado todavía el donut de queso?

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Chicago I

abril 1, 2008

‘People from Granada’. Ese texto llevaba escrito la pancarta con la que fui a recoger a Blas, Leire, Rafa e Inma al aeropuerto. Unos intrépidos visitantes con muchas ganas de conocer los EEUU. Me acompañaron durante dos semanas, en las que entre viajes a New York e incontables horas de compras, también pudimos disfrutar del encanto de Chicago.

En Chicago, the windy city, a finales de marzo te puede pasar de todo. Que te nieve, que salga un sol impresionante, que empiece a llover o que te encuentres con esa niebla tan característica de la ciudad. Bienvenidos a Gotham.

Chicago, una ciudad a las orillas del gélido lago Michigan.

Donde encontrarás desde la estatua del archiconocido John el conquistador…

… hasta una figura mucho más familiar. Sí, es Él.

Si paseas por Grant Park, podrás observar Buckingham Fountain, una de las fuentes más grandes del mundo…

… o la famosa entrada de metro que la ciudad de París regaló a la ciudad.

Si te acercas al moderno Millenium Park encontrarás el Pritzker Pavillion, un pabellón gigantesco al aire libre diseñado por Frank Gehry,…

… y justo al lado, la impresionante ‘Cloud Gate’, más conocida como la ‘Bean’, una estructura de acero inoxidable que refleja el skyline de la ciudad. Me encanta.

Si te apetece ver a los Cubs, deberías coger la línea roja hasta el legendario Wrigley Field.

Pero si tienes hambre, quizá prefieras comprarte una hamburguesa y un fresisuis en el McDonald’s gigantesco del Downtown.

Si se te antoja admirar un Dalí, un Monet o un Hopper, deberías ir al Art Institute of Chicago, y de paso saludar a los primos de los leones del Congreso de los diputados.

Si echas de menos hablar español, siempre puedes ir a Pilsen, el barrio mejicano. Allí comprobarás la cantidad de murales sociales y religiosos que inundan las fachadas y lavarás la ropa en la lavandería de John (cómo no).

Si te interesa conocer un poco mejor esta cultura, visita el museo de arte mejicano. ¿Nadie te habló nunca de la leyenda del Chupacabras?

De hecho, si crees que el Chupacabras en realidad se ha transformado en el presidente de los EEUU, siempre puedes comunicárselo al FBI que tienes detrás de casa.

Si en cambio te tira la cultura oriental… está claro; tienes que ir a Chinatown. El parque memorial de Ping Tom te espera junto al río.

No puedes irte sin probar los batidos de tapioca, la ternera Teriyaki, fotografiarte con la estatua del animal de tu horóscopo chino o contemplar cómo un chino se pelea con una langosta.

Si estás cansado de Chicago y sus barrios periféricos, podrías acercarte a Oak Park, un pueblecito bastante tranquilo, …

… donde se encuentran la mayoría de las casas diseñadas por Frank Lloyd Wright, todas con su estilo particular de tejados sobresalientes y ventanales horizontales.

Si te cansaste del turismo y sólo te apetece disfrutar del jugoso cambio del euro al dólar… dirígete al Macy’s de State Street. Con sus 9 plantas, su 11% de descuento a extranjeros y su techo de diamantes de Tiffany’s, seguro que te convence.

Si todavía sientes la necesidad imperiosa de comprar, sin duda deberías cruzar el Chicago River y aventurarte hacia la avenida Michigan, también conocida como ‘The Magnificent Mile’. Podrás comprarte un iphone (si acampas en la puerta, sobornas a un dependiente y todavía quedan existencias) en la tienda de Apple, unos vaqueros por 12 dólares en Levi’s o dejar que tus acompañantes femeninas se deleiten con las ofertas de Victoria’s secret en la ‘Water Tower’.

¿Por qué no finalizar el día con una bonita vista de la ciudad desde la Hancock Tower? Si total, el ascensor sólo tarda unos 35 segundos en subir hasta el piso 96…

En posteriores entregas de ‘People from Granada’ explicaremos cómo economizar durante una semana pidiendo ‘mango and chicken rice’ en tu restaurante chino favorito o cómo engordar hasta 3 kilos con un desayuno de tortitas en Joe’s breakfast (akas Doris/Clotis).